Re-estructura para la organizacion de los servicios centrada en lxs usuarixs
Actualmente, el listado de “servicios” de la BNU carece de una definición clara. Bajo esa pestaña del sitio web aparecen elementos que van desde el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas hasta el Tratado de Marrakech. Sin embargo, un servicio no es un sistema y, claramente, tampoco es un tratado. Antes de pensar en ampliar la oferta, es necesario redefinir qué se entiende por “servicio” dentro de la órbita de la BNU.
Una forma de avanzar en esta definición es identificar los distintos tipos de usuarios de la institución: lectores, académicos e investigadores, periodistas, u otras organizaciones. A partir de allí, se puede analizar qué servicios utilizan actualmente, cómo podrían mejorarse y qué nuevos servicios necesitan. Además, es importante considerar que distintos tipos de usuarios pueden recurrir al mismo servicio con objetivos diversos. En ese sentido, cabe preguntarse si los servicios existentes están diseñados para responder adecuadamente a esa diversidad de usos.
Por ejemplo, el catálogo digital es, sin duda, un servicio central. Pero cabe preguntarse si hoy es realmente utilizable para un lector general o si, en la práctica, está diseñado principalmente para usuarios académicos.
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