Pensar despacio en la BNU
Pasando por la lectura de los proyectos presentados hasta el momento, mi propuesta apunta a repensar el espacio físico de la BNU, incrementando y preservando sus espacios de lectura, de pensamiento e investigación. Me resulta muy interesante la idea de una BNU LAB, con espacios más modernos, con espacios exclusivos para niños, talleres, etc. También considero interesante y necesario todo lo referido a la digitalización del material, al acceso completo desde lugares remotos y a los aportes que pueda realizar la IA.
Pero, personalmente, creo que la BNU sigue siendo un gran santuario que desafía al tiempo y que nos conecta con una forma de pensar y sentir que, por momentos, parece estar en vías de extinción.
Cualquier biblioteca termina convirtiéndose en un santuario: un territorio en el que los pasos se amortiguan y los recuerdos se ordenan solos en estanterías invisibles. Ese silencio no es casual.
Las bibliotecas sobreviven no solo como depósitos de información, sino como espacios de resistencia lenta. En ellas, los textos no gritan ni convencen: esperan. Y en esa espera hay una ética: la de aceptar que el conocimiento no se impone, se encuentra.
Hoy, en tiempos de algoritmos, los libros, manuscritos y cartas se vuelven invisibles. La velocidad, la sobreabundancia y la automatización producen un efecto parecido al de la censura: nada permanece el tiempo suficiente como para dejar huella.
Por eso la biblioteca —física, silenciosa, imperfecta— adquiere un nuevo sentido. Frente a un mundo que responde antes de escuchar, ofrece pausa. Frente a sistemas que sugieren qué leer casi al azar, propone el encuentro. Frente a textos producidos sin cuerpo, la biblioteca guarda palabras que todavía llevan una mano detrás.
Tal vez por eso, al entrar en una, bajamos la voz sin que nadie lo pida. Intuimos —aunque no sepamos explicarlo— que ahí dentro no solo hay libros. Hay tiempo. Hay pasado. Y hay algo que parece diluirse: la posibilidad de pensar despacio.
Mi propuesta es sumar las ideas posibles que se presentan en la plataforma, pero sin renunciar a la esencia ni al espacio de reflexión.
Me la imagino con una buena cafetería, con mesas y sillones, iluminada, en silencio, imponiendo una pausa en el centro de Montevideo: más joven y más sabia.
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